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¿LA ÚLTIMA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL?

Publicado el 22 de febrero del 2017
“El gran problema está en que ni los gobiernos ni la Sociedad civil serán capaces de paliar los grandes desarreglos económicos que se producirán como consecuencia de la cuarta revolución industrial”, Klaus Schwab en “La cuarta revolución industrial”

Nos encontramos en los inicios de lo que se ha dado en denominar como la cuarta revolución industrial, que es consecuencia de los exponenciales cambios tecnológicos que se están produciendo y que comportará la creación de nuevos modelos de negocio así como una profunda transformación de los procesos de producción y en nuestra forma de vivir. El problema es que no está claro quién liderará este cambió ni hacia dónde se orientará.

De los posts anteriores que he ido enviando, destacaría en relación al desarrollo tecnológico, las tres siguientes conclusiones:

  • El desarrollo exponencial, y relativamente simultáneo de diferentes tecnologías.
  • La velocidad con que se crean, desarrollan, difunden y salen al mercado las novedades tecnologicas.
  • Su impacto global debido a la interconexión creciente de la economía mundial.

La consecuencia es que estamos en los inicios de una época que sin duda podemos calificar de revolucionaria y a la que se ha dado en llamar (Schwab) la cuarta revolución industrial.

Una revolución supone un cambio abrupto y radical en nuestra forma de vivir, trabajar y relacionarnos…, y esto es lo que seguiremos viendo en los próximos años.

La primera revolución industrial (1760-1890) fue consecuencia de la invención de la máquina de vapor y trajo como resultado la producción mecánica. La segunda (desde finales del siglo XIX a principios del XX) la originó la electricidad y los combustibles fósiles y conllevó la producción en cadena. La tercera (desde los años 60 a principios del siglo XXI) fue debida al desarrollo computacional y a las nuevas tecnologías de la información (principalmente internet).

La cuarta revolución industrial cabalga sobre la tercera (es decir, la infraestructura digital) y es consecuencia de la introducción de nuevas y variadas tecnologías, produciéndose la fusión de los mundos, tanto físicos (nuevos materiales, impresoras 3D, robótica colaborativa…), digitales (Internet de las cosas, sensores, plataformas…), como biológicos (genética, biotecnología, neurotecnología…).

Desde el punto de vista industrial se basa principalmente  en el empleo de pequeños pero potentes sensores que permiten la conectividad a todos los niveles, objetos ciberfísicos, la inteligencia artificial y otras tecnologías exponenciales, que conllevan una profunda transformación de los procesos de manufactura industrial y la creación de nuevos modelos de negocio (Industria 4.0).

El principal problema es la velocidad con que se está produciendo  esta revolución que nos ha pillado a casi todos desprevenidos; a los ciudadanos sorprendidos porque están en peligro los fundamentos que tradicionalmente han dado sentido a la humanidad: trabajo, comunidad, familia e identidad, a los empresarios sin saber cómo reaccionar ante este cambio de modelo y a los gobiernos todavía intentando digerir la tercera revolución industrial.

La consecuencia es la creciente sensación de que esta revolución se desarrollará sin que nadie la gobierne y que será la mano invisible de diversos y dispersos investigadores y la de determinados agentes económicos  quién acabará “tutelando” los intereses de los ciudadanos.

De hecho ni tan solo se ha consensuado un esquema de valores éticos y morales para hacer frente a esta avalancha de cambios y, lo que es más grave, parece que nadie esté preocupado por ello.

En consecuencia, urge una reacción por parte de todos (ciudadanos y gobiernos) que contemple los siguientes aspectos (Schwab):

  • Concienciación y comprensión de lo que está pasando y cómo afectará a nuestro sentido de la privacidad, noción de propiedad y de dedicación al trabajo, relaciones interpersonales y de poder, etc.
  • Desarrollo de narrativas constructivas e integradoras, que contemplen un cuadro de valores morales y éticos.
  • Adaptación al nuevo paradigma, mediante la reestructuración del sistema económico, social y político actual, buscando soluciones adaptativas para todos los agentes sociales en todo el mundo.

Teniendo en cuenta que, por lo que parece, la mayoría de gobiernos tienen temas “más urgentes” de los que ocuparse, no queda otra alternativa que forzar la sociedad civil a asumir  el desarrollo  de los puntos anteriores aprovechando el “empoderamiento” que como individuos y comunidades nos proporcionan, precisamente, estas mismas tecnologías.

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